LOS GUIAS DEL CAMINO

 

Acababa de dejar mi trabajo, y antes de empezar una nueva etapa en mi vida, quise hacer el Camino de Santiago, ya que llevaba varios años con esa idea rondándome la cabeza.

En una de las etapas salía desde Portomarín, y decidí empezar a caminar muy temprano, cuando todavía era de noche, pese a que un compañero peregrino me había aconsejado esperar a que empezara a amanecer. Había, además de la oscuridad, una fuerte niebla. Era la primera persona en salir del albergue, y aunque costaba mucho distinguir algo, las luces de las farolas del pueblo me indicaban más o menos el camino a seguir.

Sin embargo, a la salida del pueblo, y nada más adentrarme en caminos rurales, la niebla espesó, y no podía ver más allá de 2 ó 3 metros, por lo que temí saltarme alguna señal que me indicase el camino y perderme. Empecé entonces a arrepentirme de mi impaciencia y de no haber esperado media hora antes de salir.

Por ese motivo, recé y pedí que me mostraran el camino correcto a seguir.Era un rezo mezcla de arrepentimiento y de petición de auxilio.Casi inmediatamente, me encontré un pajarillo en mitad del camino. No soy un experto y no puedo reconocer qué especie de pájaro era, pero era uno pequeño, quizás un gorrión. Me sorprendió verlo ya que este tipo de pájaros son asustadizos y enseguida huyen cuando una persona se acerca.

Efectivamente, en cuanto estuve casi encima suyo, el pájaro levantó el vuelo,pero... en vez de huir, se adelantó unos metros y se posó, otra vez, en mitad del camino. De nuevo me acerqué, y de nuevo levantó el vuelo y se adelantó unos metros. Atónito comprendí que el pájaro no huía, sino que me indicaba el camino a seguir... ¡como si hubiese escuchado mis oraciones!

Tras 5 ó 6 de estos vuelos, el pájaro voló una vez más pero esta vez saliéndose del camino. Pensé que era lógico, ya que debía estar alejándose de su nido. Entonces, sorprendentemente, volví mi mirada al camino, ¡y allí delante había otro pájaro! El segundo pájaro repitió exactamente el mismo patrón que el primero: en cuanto me acercaba un poco, levantaba el vuelo y se posaba de nuevo en mitad del camino, unos 5 ó 6 metros más adelante, como reafirmándome que estaba siguiendo la senda correcta.

De nuevo tras unos cuantos vuelos, el pájaro desapareció de la vista, supongo que para volver al nido, y delante mío ¡apareció un tercer pájaro!.... y la historia se volvió a repetir.

Me quedé completamente asombrado. Tanto, que me costaba asimilar lo que estaba viviendo. Creo que en total fueron 4 ó 5 pájaros los que me mostraron el camino hasta que finalmente desapareció el último y no vino ningún otro. Para entonces, la niebla, aunque aún era abundante, se había empezado a levantar y, además, ya había empezado a amanecer, por lo que la visibilidad aumentaba muy rápidamente.

Unos días más tarde, llegué a Santiago de Compostela. Pero ese peculiar hecho a las afueras de Portomarín me dio mucho que pensar: ¿Fue una respuesta a mis oraciones o simple casualidad? No lo sé. En cualquier caso, una cosa tengo segura: debido a mi situación laboral, yo estaba pasando una época de crisis pero aquel hecho me ayudó a reforzar mi fe y a tener más confianza en mí y en la vida.

 

 

Jonás Ramírez Molina

 

 

 

 
 
Oscar Domenech (odomenech@hotmail.com)
   
   
 

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